La irrupción de Uber y otras apps están poniendo en jaque al sector del taxi, que se moviliza en contra de estas aplicaciones. No sólo el taxi, también los autobuses se han puesto en pie de guerra. Esto me recuerda a lo que ha pasado en otros sectores, como con los contenidos (películas, música, imágenes…) que circulan por Internet libremente (piratería la llaman algunos) y que han puesto a las industrias cinematográficas y discográficas al borde del abismo. Internet y las innovaciones tecnológicas están poniendo en cuestión modelos de negocio caducos que no avanzan acorde a como lo hace la sociedad. Y la tensión y fricciones de estas nuevas compañías con las tradicionales es lógica. ¿Es el consumo colaborativo, como el de Uber, un mal o un avance?

En mi opinión, creo que un poco de ambos. Un mal porque entiendo que este tipo de nuevas compañías basadas en nuevas tecnologías e Internet van a provocar un tremendo terremoto en todas las industrias, con despidos, desapariciones de empresas, etc. Ya pasó, como decía antes, en la industria audiovisual, o también en la prensa. En la parte positiva, la irrupción de empresas basadas en Internet ha supuesto un avance respecto a la innovación, la variedad, el precio y la accesibilidad a contenidos a los que antes no se podía acceder.

El sector del transporte es el siguiente en pasar por el rodillo de la revolución de las nuevas tecnologías. Los sectores de los taxis (amenazados por Uber) y los autobuses (más amenazados por BlaBlaCar) están monopolizados, intervenidos y llenos de ineficiencias, por lo que se apoyan en limitaciones legales para mantener su status quo. Son sectores dominados por unos pocos que ejercen grupos de presión tremendos para salvaguardar sus privilegios (y no me refiero a los taxistas, que bastante aguantan). Las quejas de los consumidores por sus precios, su falta de transparencia, etc. hacen que el sector este sumido en una crisis agudizada por la depresión de la economía.

Las apps, como es el caso de Uber, proponen el consumo colaborativo, entre particulares, como alternativa al transporte tradicional y que precisamente ataca los puntos débiles de éste: es más barata, más eficiente y más transparente. Los taxistas tienen difícil competir en precio ante agentes libres liberados de cargas administrativas (que suponen altos costes) e impuestos. Pero, más que prohibir o no este tipo de innovaciones, lo que hay que hacer es combatirlas compitiendo con ellas. De nada sirve ponerle puertas al campo.

Han llegado para quedarse una parte del pastel (mercado). El que quiera consumo colaborativo, lo tendrá, aunque se prohíba, como se siguen viendo películas y series por Internet. El coche se ha compartido, prestado, etc. desde que existen, no es algo nuevo. Lo nuevo es que hay herramientas (apps) que son capaces de masificarlo, organizarlo y lograr que escale. Y que ahora cualquiera puede acceder a ello, sin necesidad de recurrir a los métodos tradicionales de transporte. Ha aparecido un nuevo competidor, un sustitutivo de un producto tradicional, y hay que competir, no prohibir. 

Si fuera taxista, más que de proteger mis privilegios, me preocuparía de cómo competir con este transporte colaborativo. En precio no podrán competir pero sí en prestaciones y servicio, algo que no pueden dar los particulares. ¿Acaso cocina igual y con las mismas garantías un aficionado en su casa que un cocinero profesional en un buen restaurante? Lo mismo pasa con los taxis. Tienen que competir con sus armas (ventajas competitivas): confort, seguridad, experiencia, servicio… Con una buena comunicación y una mejora de la eficiencia, seguro que seguirán siendo los líderes del transporte en automóvil.

La irrupción de aplicaciones como Uber va a regenerar un sector plagado de ineficiencias provocadas por la intervención del mercado que, al final, beneficiará al consumidor. Eso sí, siempre que se respeten las reglas del juego: hay que pagar impuestos, declarar actividad, etc. Tiene que haber igualdad de condiciones. Pero habrá que regular el sector conforme a como va cambiando la sociedad, intentando poner de acuerdo a todas las partes para que se beneficie  el consumidor y no los lobbys.

¿Es el consumo colaborativo un mal o un avance? El caso de Uber y los taxis
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