Hasta hace unas semanas, cuando alguien te decía Panrico te venían a la cabeza los Donuts, los Donettes, el Bollycao… Productos que en nuestra infancia hemos tenido ocasión de merendar o almorzar.Ahora, lo que te viene a la mente es huelga, ERE, preconcurso, suspensión de pagos,… ¿Cómo una gran empresa con marcas tan reconocidas se ha visto en esta situación?
Os pongo en antecedentes. En septiembre de 2012 la empresa realizó un ERE de 197 trabajadores cuando meses antes la plantilla ya había aceptado una reducción de salario de un 25%. Un año después, este pasado mes de septiembre, anunció la suspensión de pago de las nóminas a sus 4.000 empleados para dar prioridad a los proveedores y no tener que parar la actividad, lo que derivó en la lógica protesta de los trabajadores que convocaron una huelga. 
Para colmo, pocos días después anuncian el despido de 1.900 trabajadores y rebajar salarios hasta el 45% y, en plena negociación con sindicatos y acreedores, se declara en preconcurso. Tras una huelga y amenazas entre las partes, Panrico ha decidido reducir el despido a 875 y los sueldos un 25%, siendo la fábrica más afectada la de Santa Perpétua.
Con este panorama, Panrico está inmersa en sacar adelante un plan de viabilidad en el que, a parte de los despidos y la reducción de salarios, se está abriendo la posibilidad de fabricar productos para la gran distribución, es decir, marca blanca. Una jugada que puede salir bien a corto plazo (fabricarían más e ingresarían más) pero que a largo plazo, si no se gestiona bien, puede significar el fin de las marcas. 
Tampoco le quedan muchas más opciones ante la mala gestión llevada a cabo por la dirección de la empresa. El año pasado, a parte de pagarse un suculento bonus, los directivos cobraron un 43% más mientras la empresa se hundía y se practicaban recortes de sueldos y plantillas. Según la empresa, querían retener a los ejecutivos, esos que han llevado a la empresa a la situación actual.
A parte de esta falta de ética profesional por parte de sus directivos, Panrico mantuvo sueldos estratosféricos en plantilla y dirección y no supo ver a tiempo lo que se le venía encima. Se podría decir que ha sufrido el síndrome del gigante: demasiado grande y pesado para moverse en un entorno tan rápido. Con unos costes y plantilla sobredimensionados (propios de épocas de abundancia), sin liquidez y reaccionando tarde y mal, el futuro de los Donuts pinta negro, y no porque sean de chocolate. 
Pero no sólo la culpa es de la dirección ya que este problema no es sólo de Panrico: muchas empresas están atrapadas por la falta de liquidez (que es la principal causa del estrangulamiento de las pymes) y, por otro lado, por la presión sindical y la falta de flexibilidad del mercado laboral que hace que en empresas tan grandes sea muy difícil tomar decisiones en tiempo y forma adecuados. El examen de conciencia no es sólo para los dirigentes de la empresa sino también para sindicatos y gobierno, que tienen gran parte de responsabilidad en este tipo de debacles.
Qué podemos aprender de Panrico
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