“No pienses en lo que tu país puede hacer por ti, sino en lo que tú puedes hacer por tu país”

Esta frase que dijo J.F. Kennedy y que fue pensada por Theodore Sorensen, estratega que creó los discursos del mítico presidente de los Estados Unidos, sirve para ilustrar la idea que voy a defender en este post: “no pienses tanto en lo que la empresa puede hacer por ti, sino en lo que tú puedes hacer por la empresa”. Pensar de esta forma es, quizás, la mejor forma de alcanzar o mantener un empleo hoy en día. La postura tradicional del aspirante o empleado es justamente contraria a lo que debería ser y, al aplicar técnicas de personal branding, nos damos cuenta de que estamos muy equivocados si no hacemos caso a Kennedy (o Sorensen, como prefiráis).

El mercado laboral hoy en día está muy complicado: muy pocas ofertas de empleo para muchos demandantes. Además, los candidatos cada vez están mejor formados y con más experiencia, por lo que es más difícil competir; más aún si las profesiones están desapareciendo y apareciendo cada vez más rápido. Solemos pensar en cuánto nos van a pagar por hacer nuestro trabajo, qué condiciones nos van a proponer o, incluso, si nos van a dar el trabajo o no. Si bien es cierto que es una parte esencial en la relación empresa-empleado, también lo es que descuidamos una parte esencial: ¿por qué me van a escoger a mi? ¿Qué puedo aportar (o estoy aportando) yo a la empresa?

Debemos dejar un poco de lado qué es lo que la empresa nos va a aportar (un trabajo, un salario, un tipo de contrato, un seguro médico, una flexibilidad horaria…) y pensar más en cuál es nuestra propuesta de valor para esa empresa. Cuando analizamos una oferta de empleo, primero pensamos en si la empresa nos gusta, si encajamos en el perfil o si nos convencen sus condiciones, pero olvidamos pensar en si vamos a aportar valor en ese puesto y qué podemos hacer que otros candidatos no puedan (o no sepan), lo que va a resultar determinante a la hora de llegar a ese puesto de trabajo.

Precisamente el personal branding trata de eso, de identificar qué nos hace únicos y diferentes, en qué podemos aportar un valor diferencial. Para ello, hay que saber y tener claro qué podemos hacer, cómo lo hacemos y, no menos importante, por qué lo hacemos. Pensar en ello y desarrollar una marca personal nos ayudará mucho a optar con mayores garantías un proceso de selección, enfocando nuestra candidatura hacia las carencias o necesidades de la empresa y cómo podemos aportarles valor con nuestros conocimientos y experiencias.

Al fin y al cabo, independientemente del contrato (sea laboral o mercantil) que nos una a la empresa, tendremos una relación empresa-cliente, dónde la empresa somos nosotros mismos (el individuo) y la empresa que nos contrata es el cliente. Actuar y pensar como una empresa, una marca, nos permitirá no caer en la tentación de pensar en lo que la empresa puede hacer por nosotros y si pensar en lo que podemos hacer nosotros por ella, en satisfacer las necesidades de nuestro cliente, que es de lo que se trata. Si aportamos valor y lo sabemos comunicar de la forma adecuada, nos contratarán (o seguiremos trabajando en la empresa) y las buenas condiciones llegarán puesto que serán necesarias para retener nuestro talento.

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Personal Branding y empleo
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