La internacionalización es una asignatura pendiente para las pymes españolas, nos cuesta (en general, no a todos) salir fuera de nuestras fronteras pero debemos recordar que este país ha visto nacer a grandes conquistadores y emprendedores que descubrieron América y dieron la vuelta al mundo. Catalanes y gallegos nunca han tenido problema para salir al exterior a hacer fortuna y buenos negocios. ¿Por qué no hacerlo ahora?
Poco a poco nos hemos ido dando cuenta de que tenemos que mirar fuera de España para mantener nuestras empresas a flote; ya no podemos ver como una mera opción el salir fuera. En un mercado tan globalizado, cada vez es más difícil defender la posición en el mercado actual ante la llegada de nuevos competidores, que entran en España ganando su pedazo del negocio. El mercado nacional, en horas bajas, no suele ser suficiente para mantener cuota de mercado y ventas. Las grandes empresas se dieron cuenta y ya están fuera, con notable éxito: Inditex, Santander, BBVA, Iberdrola, Repsol… Muchas pymes también tienen ya conciencia de ello y no son pocos los que ya producen fuera de nuestras fronteras o tienen acuerdos comerciales para vender en todas las partes del mundo. Como ejemplo podemos poner las bodegas de vino españolas, la industria cárnica, la ingeniería de construcción, la moda, etc.
Para internacionalizarse podemos elegir tres opciones: exportar, lograr un acuerdo comercial (o de producción) con un socio local o una internacionalización 100% con sede propia (comercial o industrial) en el país local. Las tres son buenas opciones pero no todas las empresas pueden acometerlas. Una exportación es una buena forma de empezar ya que es la de menor coste (y menor riesgo) pero la de menor alcance; una buena opción para que una pequeña empresa se inicie, aunque con el inconveniente de la seguridad en el pago y el transporte. Conseguir un acuerdo con un socio en el país de destino es complicado ya que conlleva mayor coste que una simple exportación y podría haber una posible pérdida de control del producto y falta de entendimiento entre socios. La última opción es la implantación en el país de destino, una apuesta muy arriesgada (es la de mayor coste) que solo pueden afrontar grandes empresas o, en casos muy concretos, algunas pymes pero, eso sí, es con la que mayor control se obtiene.
La pyme debe apostar, en principio, por la exportación. Tiene menor riesgo y es una opción interesante para testar mercados antes de buscar socios o una implantación en el país. Hoy en día ya no es tan difícil salir fuera: contamos con las nuevas tecnologías para expandir negocio y probar suerte en otros mercados. Desde España, las pymes pueden exportar mediante una tienda online y darse a conocer mediante las redes sociales y la publicidad online. Las excesos de producción y los despidos, tan habituales en estos tiempos en las pymes, podemos combatirlos con la entrada en nuevos mercados y las TIC pueden ayudar en ese sentido. Es cierto que no es fácil pero, con un estudio de mercado y una inversión asequible, se puede probar a vender fuera sin arriesgar demasiado. Solo hay que perder el miedo.

La internacionalización de la pyme española
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