El consumo de marca blanca en España alcanza ya al 85% de los consumidores españoles y al 92% si hablamos de jóvenes menores de 35 años (datos de una encuesta de OPINEA). Esto se explica por la reducción de la capacidad de compra del consumidor derivada de la crisis, que hace que el consumidor sea más sensible al precio. El consumo de este tipo de productos va a más ya que el 50% de los consumidores espera comprar más marca blanca en el futuro.
Las marcas blancas ofrecen un buen producto a un precio mucho más asequible (similar a los modelos low cost) gracias a la nula inversión en publicidad (se aprovechan de la marca de las grandes superficies y de sus posiciones de privilegio en los lineales), la no necesidad de innovación(son productos básicos y suficientemente testados) y la presión de las grandes cadenas, que tienen en estos productos uno de sus “ganchos” clave.
Es un fenómeno imparable que está lastrando a las marcas “de toda la vida”, reduciendo su cuota de mercado. Hemos visto muchas acciones publicitarias de grandes marcas apoyando y defendiendo su calidad pero lo cierto es que sólo las más innovadoras, las que ofrecen algo distinto a los productos de marca blanca, siguen en el mercado.

Cada vez es más evidente que los consumidores son low cost y sólo en algunas ocasiones optan por productos diferenciados que le aporten satisfacción personal o un claro valor añadido que justifique pagar más. Ahora, más que nunca, la innovación es clave para seguir conquistando al consumidor, aportar ese valor añadido y para hacer frente a las marcas blancas, que tienen al mercado en su bolsillo.

La innovación contra la marca blanca
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