¿Somos un país innovador? Seguramente la respuesta dependa mucho de a quién se le pregunte. Ayer se publicó el estudio Global Innovation Index y nos coloca en el puesto 29 en innovación respecto a 141 países, 3 puestos mejor que el año anterior. ¿Es una buena posición? Podríamos estar peor pero, lógicamente, no es un resultado para estar orgullosos.

Estamos por delante de Italia o Portugal pero, por ejemplo, detrás de Chipre, República Checa, Eslovenia, Islandia, Estonia, Malta, Irlanda… Economías más pequeñas que la nuestra y con menores posibilidades lo están haciendo mucho mejor, especialmente Irlanda, que también está rescatada pero que se sitúa 9º por delante de EEUU.

En el top 5 están países que a muchos hasta nos sorprendería verlos: Suiza y Singapur (1º y 3º respectivamente); y otros a los que meteríamos ahí resulta que están muy atrás: EEUU (10º), Alemania (15º), Israel (17º), Francia (24º). Nada es lo que parece y a veces parece que la superioridad económica no significa mayor innovación (otras veces sí). Quizás el dinero importe pero menos de lo que pensamos: la educación, la cultura y un ecosistema favorable es lo que hace que surja la innovación.

España está recortando en I+D y educación (como en todo lo demás) y como consecuencia probablemente el año que viene caeremos un poco más en este ranking. Pero, aunque las ayudas son importantes y generan I+D+i (que la hay y mucha y de calidad), lo que de verdad nos hace falta es transformar esa innovación en proyectos rentables y de utilidad real para la sociedad.

A pesar de los recortes en I+D, de un sistema educativo caduco e ineficiente, del paro juvenil, de nuestro tejido productivo y de las trabas administrativas la innovación es posible. Tenemos la generación mejor formada y preparada de la historia de nuestro país y por tanto el mejor talento que hayamos tenido nunca para innovar; sólo debemos ser capaces de aprovecharlo y canalizarlo para generar innovación que nos ayude a salir de la crisis a base de nuevas empresas y empleo. 

Casos de éxito tenemos muchos aunque no lo parezca: Ferran Adrià, por ejemplo, es uno de los mejores innovadores y visionarios que ha dado nuestro país, revolucionando la gastronomía mundial y situando a España en lo más alto a nivel gastronómico. O nuestra Selección de Fútbol que a base de inversión en cantera (talento) y de intercambio internacional de jugadores (aquí y fuera) ha conseguido reinventar el fútbol y conseguir un modelo ganador. Y cómo el fútbol podría nombrar otros deportes (baloncesto, tenis,…) en los que somos líderes mundiales a través de la buena gestión del talento.

Tenemos mucho talento a muchos niveles y tenemos que tratar de gestionarlo mejor (más y mejor educación), de motivarlo y darle lo necesario para que genere innovación. Que nuestro talento se vaya al extranjero es un primer paso: volverán y cuando lo hagan serán mejores y nos enriquecerán. Habría que permitir que talento extranjero entre en España con mayor facilidad para aprender también de lo que están haciendo en otros lugares y culturas diferentes a la nuestra. Y si a eso le juntamos apoyo económico y facilidades administrativas seguro que en pocos años lograremos estar mucho más arriba.

España y la innovación
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