Varios artículos y encuestas que vengo leyendo durante las últimas semanas apuntan a que más de un 50% de jóvenes y desempleados españoles se plantean crear una empresa, es decir, emprender. Muchos son los los medios (como la televisión) aprovechan la figura “atractiva” del emprendedor para lanzar programas de éxito. El ruido que hay alrededor del emprendimiento es enorme, también en las redes sociales (como no podría ser de otra manera) y en los medios económicos. Que haya más gente dispuesta a emprender y se hable en los medios más que nunca, ¿hace que España sea un país más emprendedor?
Han ido aumentando el número de autónomos y de empresas creadas a raíz de la crisis, aunque creo que más que por convencimiento y espíritu emprendedor es por desesperación. La crisis, el desempleo prolongado y no poder pagar las facturas o mantener a los tuyos llevan a la gente a montar su propio negocio. Esto no quiere decir que nuestra mentalidad, más proclive a ser funcionarios que emprendedores, haya cambiado; únicamente se disfraza por las circunstancias. 
Según Ranstad, seis de cada diez parados están dispuestos a crear un negocio pero, a pesar de la buena voluntad para emprender se enfrentan a un entorno adverso: la falta de financiación, las trabas burocráticas, el miedo al fracaso, la falta de formación e información y la pérdida de algunos “derechos” como el de las vacaciones remuneradas o el horario fijo echan para atrás a los aspirantes a emprendedor.
Si echamos un vistazo a los motivos por los que no se emprende, suenan más a excusas que realmente a verdaderas barreras. Es muy difícil encontrar financiación pero conozco casos (sí, no me lo he soñado) que la han conseguido. Con perseverancia, con un estudio bien hecho de los riesgos y la inversión y con mucha capacidad para llevar a cabo los proyectos financiados. Aunque a veces ni así se encuentra, al final se trata de convencer al inversor y no rendirse a las primeras de cambio y decir: “es que no hay dinero”. Cuestión de perseverancia y de saber llamar a las puertas adecuadas.
Las trabas burocráticas son un lastre y desaniman a cualquiera. Pero hay muchos emprendedores en España y todos han pasado por esas trabas. Por tanto, aunque en este terreno el gobierno debería tomar cartas y simplificar las licencias y requisitos, hay que lidiar con ello y superarlas como han hecho otros muchos. Decir que no emprendes por la burocracia me parece una excusa barata.
El miedo al fracaso también frena a muchos, “el qué dirán” que decimos en los pueblos. Fracasar no es malo; todo el mundo fracasa en la vida y varias veces. Pero, si se hace desde la responsabilidad (sin ser un kamikaze suicida), no debe ser negativo, al contrario. En EEUU está muy bien considerado haber fracasado, de hecho, es imprescindible para que crean en ti los inversores. Hay que dejar los miedos a un lado, tenerlos es de humanos y controlarlos, de inteligentes.
La formación y la información son claves ya que el que se forma y se informa está más adelantado para poder llevar un proyecto al éxito. Que hay emprendedores que triunfan sin formación alguna, sí. Pero son muchos más los que se estrellan por no tener conocimientos. Las excepciones confirman la regla: hay que formarse, es indispensable. Si no, llegan los varapalos. Te llegan a pesar de tener toda la información y las capacidades… ¡Imagínate sin ellas!
La excusa que más gracia me hace es la de que “no tengo vacaciones, ni paro, ni horario fijo“. Y también es la que muestra más claramente que España no es un país emprendedor. Si esto te frena para emprender es que ni te apasiona el proyecto, ni sabes lo que es emprender ni lo intentes. Es más, esto indica que la única motivación para emprender son los beneficios o “hacerse rico“, con lo cual, fracaso casi seguro. 
Emprender es muy difícil y no todo el mundo ni tiene ni debe de hacerlo. El emprendedor es un bicho raro en la sociedad española. Es alguien que ama el riesgo, busca superarse y no le importa ni pasarse horas realizando su sueño ni quedarse sin vacaciones. Y no hay barreras para él, sólo obstáculos que saltar. A veces se fracasa, como en todo. Incluso proyectos muy buenos de grandes emprendedores acaban en un cajón o fracasan porque no llega la financiación, las trabas burocráticas hacen que salga a la luz tarde, etc.. Pero el emprendedor siempre lo intenta con todas sus fuerzas y, si se cae, se levanta. No busca excusas. Y no emprende por las circunstancias sino por convencimiento. En España, de esos, hay pocos aún. Quizás emprendamos más pero no somos un país más emprendedor.
España, un país más emprendedor tras la crisis?
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